Las pinturas rupestres de La Chaguya: el arte prehispánico de Zipacón
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Las pinturas rupestres de La Chaguya: el arte prehispánico de Zipacón

Un abrigo rocoso con más de 3.300 años de historia escondido en las laderas del municipio

En las laderas de Zipacón, entre afloramientos de roca arenisca, se esconde uno de los testimonios más antiguos de presencia humana en la Sabana de Bogotá: los abrigos rocosos y pinturas rupestres de La Chaguya, con evidencias de habitación desde el año 1320 a.C.

Un mensaje de 3.300 años en la roca

Antes de que existiera Zipacón como municipio, antes de la Colonia y antes incluso de la cultura muisca tal como la conocemos, hubo personas en estas montañas. Lo sabemos porque dejaron su firma en la piedra: pigmentos de rojo ocre aplicados sobre bloques de roca arenisca, en un lenguaje simbólico que hoy llamamos arte rupestre.

El sitio se llama La Chaguya, y está en el territorio de Zipacón. Sus abrigos rocosos guardan evidencias de habitación humana desde el año 1320 a.C., según los registros arqueológicos. Las investigaciones de Gonzalo Correal y María Pinto, realizadas en 1983 por la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República, documentaron en este municipio la presencia de grupos humanos anteriores a la cultura muisca: cazadores-recolectores tardíos que ya practicaban agricultura y alfarería.

Qué es La Chaguya

La Chaguya es el nombre de la zona que ocupaba la Hacienda del mismo nombre, relevante entre el siglo XVIII y mediados del XX. Según documentos del Archivo General de la Nación, este sector era parte de un antiguo resguardo indígena que figuró como tal hasta comienzos del siglo XIX. Una historia de continuidad territorial que va de los cazadores prehispánicos a los campesinos del altiplano cundinamarqués.

En el sitio se pueden encontrar dos tipos de vestigios arqueológicos:

  • Un abrigo rocoso con evidencias de habitación desde el año 1320 a.C.
  • Cinco piedras con pinturas rupestres precolombinas.

Las pinturas están ejecutadas principalmente en rojo ocre, y en menor proporción en naranja, amarillo, blanco y negro. Son afloramientos de roca arenisca, en forma de bloques erráticos, que presentan formas geométricas y figuras abstractas características del arte rupestre del altiplano cundiboyacense.

Un patrimonio reconocido por el ICAHN

El Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) ha documentado el grupo de La Chaguya en Zipacón como uno de los conjuntos de arte rupestre más significativos de la Sabana de Bogotá, junto con las Piedras de Tunja en Facatativá, las de Chivonegro en Bojacá, las Piedras de Usca en Mosquera, y los grupos de La Poma, Tequendama, Terreros y San Mateo en Soacha.

Estos conjuntos pertenecen a una franja que hace las veces de límite natural entre el altiplano y la vertiente occidental de la cordillera oriental colombiana. En la zona, los vestigios corresponden a sociedades que se asentaron en la región desde aproximadamente el año 900 a.C. hasta la llegada de los españoles, evidenciando más de 2.500 años de presencia humana continua.

La laguna que la tierra reclamó

El sitio guarda otro secreto que pocos conocen. Hasta 2011 se evidenció la existencia de una antigua laguna en La Chaguya, documentada en acuarelas del álbum de Liborio Zerda (ca. 1892) que reposa inédito en el Museo Nacional de Colombia. La laguna había sido desecada hace décadas para convertir su terreno en cultivos. Sin embargo, tras la intensa temporada invernal de 2011, las aguas subterráneas se reactivaron y el espejo de agua volvió a aparecer, como si el paisaje original hubiera reclamado su lugar.

El Alto de la Mona: parador de caminantes

La zona de La Chaguya también fue conocida históricamente como el Alto de la Mona, un antiguo parador del camino activo hasta los años noventa. Allí se ofrecía a los viajeros chicha y cocido boyacense, continuando una tradición de hospitalidad campesina que conecta, sin que sus protagonistas lo supieran, con los abrigos donde otros viajeros —miles de años antes— también encontraron refugio en las mismas rocas.

Por qué importa este lugar

Las pinturas rupestres de La Chaguya no son ruinas lejanas ni patrimonio de museo. Son parte del paisaje cotidiano de Zipacón, inscritas en piedras que conviven con fincas, caminos veredales y el campo abierto del municipio. Visitarlas es entender que este territorio tiene capas de historia que van mucho más atrás de la Capilla Doctrinera o el ferrocarril.

Para quienes se interesan en el patrimonio arqueológico de la Sabana de Bogotá, La Chaguya es una parada obligada. Un lugar donde la piedra habla en un idioma antiguo, y donde vale la pena detenerse a escuchar.

Cómo llegar

El sitio se ubica en el municipio de Zipacón, a aproximadamente 50 km de Bogotá por la vía Mosquera–Facatativá. Se recomienda preguntar en el casco urbano por el acceso exacto, ya que el sitio se encuentra en zona rural y no siempre está señalizado para visitantes. Ir acompañado de un guía local o habitante de la vereda garantiza una mejor experiencia y el respeto adecuado al sitio.

Ubicación

4.76100, -74.38000

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