Zipacón es un boquete natural entre la Sabana de Bogotá y los valles cálidos del Magdalena. Por aquí transitaron los primeros conquistadores en 1539, las mulas cargadas de carbón del siglo XIX, y más tarde el Ferrocarril de Girardot. Hoy, los caminos empedrados siguen ahí.
Zipacón no es solo un municipio bonito. Es una puerta.
Su geografía lo determinó desde el principio: el territorio forma un boquete natural entre la Sabana fría de Bogotá y los valles templados que descienden hacia el río Magdalena. Eso lo convirtió, siglos antes de que existiera la carretera o el ferrocarril, en un punto de paso obligado para todo el que quisiera cruzar de un clima al otro.
Por aquí pasó la historia de Colombia varias veces.
1539: los conquistadores de regreso
El primer registro histórico de los Caminos Reales de Zipacón es de 1539. Un año después de la fundación de Santafé de Bogotá, los primeros conquistadores emprendieron el viaje de regreso a España por tierra.
La ruta que siguieron quedó documentada: salieron de Santafé, cruzaron el boquerón de Bojacá, llegaron a Zipacón, continuaron hacia Tena, bajaron por el río Apulo hasta el valle de Tocaima y siguieron rumbo occidental hasta Guataquí, en ese entonces el primer embarcadero del río Magdalena. Allí tomaron canoas río abajo hacia el mar.
Ese trayecto — Sabana, Zipacón, Magdalena — se repetiría durante los siguientes tres siglos.
Lo que el camino transportaba
Durante la Colonia y buena parte de la República, los Caminos Reales de Zipacón eran rutas de herradura: senderos de piedra por donde transitaban mulas y carros de yunta cargados con los productos del intercambio entre climas.
De la Sabana bajaban papa, leche, cebolla y lana. De los valles templados subían panela, café, frutas tropicales y, sobre todo, carbón vegetal extraído de los bosques de la región. El camino junto a la hacienda La Chaguya era uno de los puntos de referencia del tráfico entre La Mesa y la Sabana de Bogotá — una vía alterna a la entrada por Bojacá.
Los caminos no eran trochas. Estaban construidos en piedra tallada, con un ancho de hasta dos metros y medio, diseñados para soportar el peso constante de las bestias de carga.
Cuatro caminos que aún existen
De esa red colonial, cuatro Caminos Reales sobreviven en Zipacón:
- Camino Real Zipacón – El Ocaso: el tramo más conocido, que baja por la vereda El Ocaso hacia Cachipay. Es hoy un sendero de senderismo y ciclismo.
- Camino Real Zipacón – Bojacá: el que conecta hacia el norte con la Sabana y el boquerón por donde cruzaron los conquistadores.
- Camino Real Zipacón – Cachipay: el acceso hacia las tierras cálidas, que seguía el mismo corredor por donde después llegaría el ferrocarril.
- Camino Real Zipacón – Manjui – Facatativá: el que subía hacia el altiplano por el cerro Manjuy, conectando con Facatativá antes de que existiera la vía Mosquera.
El Camino Real Bojacá – El Ocaso – Cachipay está registrado en AllTrails como uno de los senderos históricos activos de Cundinamarca.
El ferrocarril siguió el mismo trazado
No fue coincidencia. Cuando a finales del siglo XIX los ingenieros planearon la ruta del Ferrocarril de Girardot, eligieron el mismo corredor natural que los muiscas y los conquistadores habían usado durante siglos: el boquete de Zipacón.
Los rieles llegaron a Facatativá en 1909 pasando por Zipacón, y la actual carretera que conecta Bogotá con La Mesa y Girardot sigue exactamente la misma lógica geográfica. Tres siglos de historia comprimidos en un solo corredor de montaña.
Caminar el camino hoy
Los Caminos Reales de Zipacón son hoy una de las experiencias más singulares del municipio. A diferencia de los senderos construidos recientemente, estos tienen capas de historia en cada piedra: muiscas, conquistadores, arrieros, carboneros, viajeros del siglo XIX.
El tramo Zipacón – El Ocaso – Cachipay es accesible a pie o en bicicleta, con descenso gradual hacia el clima más cálido de Cachipay. El punto de entrada está en el casco urbano de Zipacón.
Si piensas recorrerlo, lleva ropa para dos climas: en Zipacón puede hacer frío de Sabana, y al llegar a Cachipay el calor ya es de tierra templada.

