Fundación Colonial de Zipacón: de encomienda a parroquia
Historia

Fundación Colonial de Zipacón: de encomienda a parroquia

La historia del pueblo que nació entre la conquista, la resistencia y un prócer que lo dio todo

Zipacón fue fundado el 5 de julio de 1561. Su primer encomendero fue Francisco de Figueredo, de la hueste de Jiménez de Quesada. En 1560 sus caciques encabezaron un levantamiento indígena. Y en 1639 se convirtió en parroquia — cuna de uno de los primeros abolicionistas de Colombia.

Fundación Colonial de Zipacón

El encuentro entre el mundo muisca y la colonización española fue, en Zipacón como en toda América, un proceso violento y transformador. Pero en este pequeño municipio del occidente cundinamarqués también ocurrieron historias extraordinarias: un levantamiento indígena, un cura que construyó un pueblo, y un prócer que renunció a toda su fortuna por liberar a sus esclavos.

La encomienda: el primer encomendero

El primer encomendero que aparece registrado en el territorio de Zipacón fue el conquistador Francisco de Figueredo, integrante de la hueste de Gonzalo Jiménez de Quesada. Figueredo contrajo matrimonio con Eufrasia de Santiago, hermana de una encomendadora de Cota, y así la encomienda de Zipacón quedó bajo control familiar. Posteriormente pasó a manos de Diego Osorio de Paz, bisnieto del conquistador Alonso de Olalla Herrera.

El municipio fue fundado oficialmente el 5 de julio de 1561, fecha que consta en sus anales históricos.

El levantamiento de 1560

Un año antes de la fundación oficial, en 1560, se registró un levantamiento de protesta indígena en la región. Los muiscas —hartos de los traslados masivos a las reducciones— se rebelaron bajo el liderazgo de los caciques de Zipacón, Tenjo y el capitán de Bogotá. La respuesta de los encomenderos fue contundente y brutal: los caciques fueron encarcelados y las casas y labranzas de sus pueblos, quemadas.

La parroquia: 1639 y el Padre Urretauzqui

El 11 de noviembre de 1639, el arzobispo de Santa Fe Fray Cristóbal de Torres erigió a Zipacón como parroquia. El primer párroco fue el bachiller Bernabé de Osorio. En 1651 lo sucedió Fray Jerónimo de Poveda, quien organizó una misión en La Puerta de Cachipay y edificó una capilla en Anatolí.

Pero el párroco que más marcó a Zipacón fue Pedro de Urretauzqui, quien ejerció su ministerio desde 1675 hasta 1708 — 33 años de trabajo sostenido. Urretauzqui fue mucho más que un sacerdote: intensificó las festividades religiosas y el comercio (Zipacón era entonces un punto de intercambio entre tierra fría y caliente), estableció las primeras escuelas, organizó los bienes de la parroquia y mejoró la estructura de la iglesia, donde aún se conservan joyas de la pintura colonial.

José Antonio Rubio: el prócer que lo dio todo

Zipacón tiene un héroe poco conocido que merece ser recordado. José Antonio Rubio nació en el municipio en 1763. Al morir sus padres, convocó a sus hermanos para repartir la herencia familiar: tierras, ganado, alhajas y dinero. Todo fue entregado equitativamente. Rubio se reservó para sí únicamente los esclavos que hacían parte del patrimonio.

Días después del reparto, ante la sorpresa de toda la familia, Rubio manumitió a todos los esclavos y se quedó sin patrimonio alguno.

El reparto fue elevado a escritura pública. Rubio murió en 1839, siendo uno de los primeros abanderados documentados de la libertad de los esclavos en Colombia, décadas antes de que la abolición fuera ley en el país.

Municipios que nacieron de Zipacón

En la jurisdicción original de Zipacón se formaron los pueblos de Cachipay, Anolaima, y las inspecciones de La Capilla y El Ocaso, prueba del peso que este pequeño territorio tuvo en la organización colonial del occidente de Cundinamarca.