La Capilla Doctrinera de Zipacón: el templo que tardó 172 años en construirse
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La Capilla Doctrinera de Zipacón: el templo que tardó 172 años en construirse

El 9 de julio de 1601 se firmó en Santa Fe el contrato de obras. El templo de adobe y teja de barro que hoy vemos tardó 172 años en completarse.

En 1601, el oidor Diego Gómez de Mena ordenó levantar un templo doctrinero en Zipacón y contrató al cantero Domingo Moreno para construirlo en año y medio. Lo que nadie imaginaba es que la obra tardaría 172 años en terminarse. Esta es la historia de la Capilla Doctrinera San Antonio de Padua.

La Capilla Doctrinera de Zipacón: el templo que tardó 172 años en construirse

El 9 de julio de 1601, en la ciudad de Santa Fe, se firmó un contrato que cambiaría para siempre el paisaje de Zipacón. El cantero Domingo Moreno se comprometía a construir una iglesia doctrinera en el pueblo de indios de Zipacón. El plazo acordado: un año y medio. El pago: 850 pesos de oro de veinte quilates y 12 fanegas de maíz.

Lo que nadie imaginaba ese día es que la obra tardaría 172 años en terminarse.

Por qué se construyó: el mandato del oidor

Todo empezó con una visita de inspección. El oidor Diego Gómez de Mena —un juez de la Real Audiencia de Santa Fe— recorrió los territorios encomendados al menor Juan Clemente de Chávez y constató que Zipacón carecía de un templo doctrinero digno. En la lógica colonial, adoctrinar a los indígenas en la fe católica era una obligación jurídica del encomendero. Sin templo, sin doctrina.

Gómez de Mena actuó de inmediato: ordenó embargar la mitad de las demoras de los naturales —el tributo que los indígenas de Zipacón debían pagar a su encomendero— y destinó esos recursos a financiar la construcción del templo. La obra se pagaría, literalmente, con el trabajo de quienes iban a ser adoctrinados en ella.

El contrato: una obra de precisión colonial

El documento firmado ese 9 de julio especifica con notable detalle cómo debía ser la iglesia:

  • 40 varas de longitud (unos 33 metros), más 2 varas de soportal en los pies del templo
  • 12 varas de anchura total: 10 para el espacio interno de la nave y 1 vara para cada muro
  • 6 varas de altura, con una vara adicional en la capilla mayor
  • Cimientos de piedra, cal y arena, abiertos hasta encontrar terreno portante
  • Contrafuertes de una vara cuadrada, construidos con piedra, cal, ladrillo y arena en proporción 2:1
  • Un arco toral de 20 pies de hueco separando la nave de la capilla mayor
  • Sacristía lateral, capilla bautismal con pila de piedra y alacena para las crismeras con el santo óleo

El cantero Domingo Moreno presentó como fiadores a Juan de Escobar, al carpintero Luis Márquez y a los canteros Domingo de Ovieta y Juan del Hoyo. El dinero se libraría en tres tercios: al inicio de la obra, cuando estuviera enrasada (con informe favorable del cura doctrinero o del corregidor de naturales), y al completarse.

172 años: el ritmo colonial de la construcción

El contrato decía año y medio. La realidad fue otra. Las guerras, la escasez de recursos, los cambios de encomendero, los terremotos y la interminable burocracia colonial hicieron que la construcción avanzara a trompicones durante generaciones. El templo fue terminado en 1773, 172 años después de que Domingo Moreno pusiera la primera piedra.

Este ritmo no era inusual. Muchas de las iglesias doctrineras del altiplano cundiboyacense que hoy admiramos se construyeron en etapas que abarcaron todo el siglo XVII y parte del XVIII.

Lo que quedó en pie

El resultado de esos 172 años es uno de los templos coloniales más singulares de Cundinamarca. La Capilla Doctrinera San Antonio de Padua está clasificada dentro del estilo Gótico Isabelino —una variante tardía del gótico traída desde España que los constructores coloniales adaptaron a los materiales locales— y construida en adobe macizo, madera, tableta y teja de barro.

El Arzobispo Fray Domingo de Torres la erigió formalmente como templo parroquial, y desde entonces se convirtió en el corazón religioso del municipio. Allí se venera a la Madre del Amor Hermoso, patrona de Zipacón, cuya festividad convoca cada año a miles de peregrinos de toda la región.

Una iglesia que sigue viva

En 2026, cuando Zipacón celebra sus 450 años, la Capilla Doctrinera San Antonio de Padua sigue siendo el centro espiritual del municipio. Las paredes de adobe que el cantero Domingo Moreno empezó a levantar en 1601 han resistido cuatro siglos y medio de historia, terremotos, guerras y el abandono del ferrocarril.

Visitarla no es solo admirar arquitectura colonial. Es pararse en el mismo lugar donde los indígenas muiscas de Zipacón escucharon por primera vez una misa en latín, donde se celebraron los bautizos y matrimonios de generaciones de zipaconeños, y donde una comunidad entera ha construido su identidad espiritual durante más de cuatro siglos.

La próxima vez que pases por la plaza de Zipacón, detente un momento frente a sus muros de adobe. Tardaron 172 años en levantarse. Merecen al menos un minuto de atención.


Fuentes: Archivo General de la Nación de Colombia, Sección Colonia, Fondo Fábrica de Iglesias, Tomo 5 (contrato 1601); Angélica Chica Segovia, «El estudio de los aspectos histórico-tecnológicos de las iglesias de pueblos de indios del siglo XVII en el Altiplano Cundiboyacense» (tesis doctoral, UN Colombia, 2015); turismozipacon.wordpress.com.

Ubicación

4.76000, -74.37970

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